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S o b r e l a V i o l e n c i a Nueva época, año 4, No. 41 Guatemala, Junio 2005 |
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► La violencia política |
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| ► El porqué de la violencia |
Las relaciones interhumanas son, en mayor o menor medida, relaciones de poder. El ejercicio del poder está indisolublemente ligado a la violencia. "El individuo sólo puede convertirse en lo que es a través de otro individuo; su misma existencia consiste en su “ser-para-otro”. No obstante, esta relación no es en absoluto una relación armónica de cooperación entre individuos igualmente libres que promueven el interés común en persecución de la propia conveniencia. Es más bien una 'lucha a vida o muerte' entre individuos esencialmente desiguales, en la que uno es el 'amo' y el otro es el 'esclavo'", dirá Herbert Marcuse ("Razón y Revolución") sintetizando la dialéctica del amo y del esclavo (capítulo IV) de la "Fenomenología del Espíritu" de Hegel.
Esta dialéctica se inscribe en términos de una lucha incesante, que se
consustancializa en la aplicación concreta de una metodología violenta.
Ninguna relación de dominación se establece sin la utilización de una
fuerza, disuasiva a veces, operativa otras, pero que tiene que estar
presente para afianzar que el poder es tal. Decía Freud cuando la
creación de la Liga de las Naciones, antecesora de la actual
Organización de las Naciones Unidas, que ese tipo de instancias está
condenado al Poder es sinónimo de violencia. Hoy, igual que ayer, gana el que tiene "el garrote más grande". La famosa frase “la guerra es la continuación de la política por otros medios” del prusiano von Clausewitz, puede ser leída a la inversa: la política es la firmación de un poderío basado, entre otras cosas, en una fuerza que puede llegar a ser usada, y que legitima la "dialéctica del amo y del esclavo". La política, en otros términos, es el arte de ejercer una dominación antes de utilizar la violencia física, pero recordando siempre que la misma es posible. Las relaciones políticas entre los seres humanos o, más precisamente entre diversos grupos humanos, entres clases sociales, entre naciones, son relaciones que se enmarcan en la dialéctica de "lucha a vida o muerte" entre individuos esencialmente desiguales, en la que uno es el "amo" y el otro el "esclavo". |
La dominación tiende a perpetuarse, y ello se consigue, entre otras razones, por medio de la coacción física. Por el otro lado, el dominado tiende a eliminar la opresión y dispone para ello de la acción violenta. Por tanto, se instaura un ciclo en el que continuidad y renovación van de la mano de violencia. Toda formación política –que no es sino otra forma de decir toda organización cultural– es la manera como la dialéctica del amo y del esclavo se ha corporizado, y siempre con el resguardo de la fuerza, del garrote. Hasta hoy, ningún régimen político conocido (el esclavismo de los faraones egipcios, el jefe con su consejo de ancianos en una tribu africana, la confederación inca o las democracias representativas surgidas de la Revolución francesa, por poner sólo algunos ejemplos) ha podido prescindir de los cuerpos de seguridad que lo resguardan, tanto interna como externamente. La experiencia del "socialismo real" habida en el pasado siglo no dejó de transitar por la misma senda. Quizá hoy día podemos decir que el modelo democrático parlamentario occidental –ya globalizado, universalizado– ofrece, a veces, el beneficio de permitir disentir respecto del poder político central, y no por ello ser sometido forzosamente, ser silenciado. Pero agregando: siempre que no se cuestione hondamente el factor económico, verdadero poder detrás del trono.
La
organización de las relaciones de poder entre los seres humanos legitima
las diferencias, legitimando al mismo tiempo el uso de la violencia para
su perpetuación. Para ningún pueblo conquistador, fueron injusticias
invadir, hacer esclavos o saquear al derrotado. Ni lo son tampoco para
el rey tener un pueblo famélico que trabaja para mantener la opulencia
de su corona, o para el empresario pagar salarios miserables, o para el
jerarca del partido comunista en el poder mantener privilegios
irritantes. Todo ello, en definitiva, ha sido resultado de las
relaciones políticas vigentes, de la forma en que se distribuye y ejerce
el poder en el seno de la comunidad. En tal sentido, la política es la
instancia por medio de la cual queda organizada la violencia dentro de
la sociedad. |
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