¿Elecciones 2015? Despertar ciudadano y crisis de legitimidad política

Primera valoración de la crisis político institucional del 2015

 Foto Elecciones

El 2015 será recordado, probablemente, por los guatemaltecos, como un parteaguas en la historia del país; ello debido a que la intensidad de los acontecimientos han sobrepasado por mucho la capacidad de los analistas políticos para comprender a cabalidad lo que está ocurriendo, ya no digamos para intentar predecir los acontecimientos. La complejidad de los fenómenos políticos en una sociedad donde se cuenta con muy poca evidencia científica es, de por sí, una tarea arriesgada, lo cual es atribuible, directa y proporcionalmente, a la precariedad con la que se trabaja en los centros de pensamiento nacionales y a la ausencia de unidades de investigación instaladas en las principales universidades del país.

Reconocer el contexto precario en el que se hace ciencia política en Guatemala es una aclaración necesaria antes de intentar realizar una valoración del proceso electoral 2015. En estas condiciones institucionales, intentar comprender es una tarea titánica, especialmente porque se cuenta con muy poca investigación de campo y datos duros para poder sustentar afirmaciones.

Intentando superar lo que llamamos el “análisis de lo evidente” (un método de articular afirmaciones que se ha vuelto muy común en Guatemala), sobra decir que este año ocurrió algo extraordinario. Para principiar, por primera vez en mucho tiempo las noticias sobre Guatemala no son negativas y la comunidad internacional está ávida de entender lo que ésta ocurriendo en el ámbito político nacional.

En este análisis, por tanto, se intenta hacer un balbuceo informado sobre lo que está ocurriendo en la coyuntura actual, centrando el foco de atención en el proceso electoral 2015; de hecho, la curiosidad sobre lo que ocurriría era una duda muy extendida entre algunos de los colegas analistas, especialmente por los siguientes aspectos:

Hubo una amplia discusión mediática y en redes sociales, así como un llamado explícito y masivo al voto nulo y a la abstención.

Los partidos políticos fueron objeto de una amplia crítica, especialmente en lo referido a las violaciones a la legislación electoral y a la falta de transparencia de las fuentes del financiamiento partidario y los montos de gastos de campaña;

la discusión mediática se centró particularmente en las deficiencias y debilidades del candidato que las encuestas determinaban como el posible ganador de la contienda electoral, al punto que se popularizó la frase: “No le toca”.

Se generalizó una opinión que se sintetizaba en la frase: “En estas condiciones no queremos elecciones”; incluso, hubo peticiones y demandas de muchas organizaciones sociales para posponer o suspender el proceso electoral.

Estos fenómenos de amplia difusión y discusión social multiplicaron nuestra tarea como analistas, ya que fuimos llamados reiterada y constantemente para explicar y debatir sobre éstos y muchos otros puntos, lo cual denotaba una ansia ciudadana generalizada por conocer, por informarse, por tomar conciencia de lo que ocurría, así como para orientarse sobre el ¿qué hacer? para contribuir al cambio político en el país.

Ante tal panorama, la premisa básica que se podía esperar de la primera vuelta electoral era que el proceso iba a ser atípico, y que se iban a multiplicar las evidencias de este tiempo tan anormal. La pregunta central del análisis, por tanto, es la siguiente: ¿qué tan diferente de otros fue este proceso electoral en su primera vuelta?

La continuidad: la “normalidad” electoral

 Pese al estribillo “en éstas condiciones, no queremos elecciones”, en las elecciones generales del 2015, más de 70% de la población ejerció su derecho al sufragio, la cifra más alta de participación desde 1985, mientras que el voto nulo y blanco fue el más bajo de la historia, tal como lo demuestran las gráficas 1 y 2:

Gráfica 1 Grafica 1

Gráfica 2Grafica 2

Es interesante observar cómo el Distrito Central –la ciudad capital– tiene números algo diferentes: llegaron a votar menos ciudadanos de la media nacional (67.37%), pero menos personas anularon su voto o lo dejaron en blanco (2.41%), porcentaje muy distante del 10.14% que se dio en toda la república. Eso significa que la ciudad capital, el epicentro político de la crisis, votó mayoritariamente por alguna de las opciones políticas a nivel presidencial, ¿cómo leer estos números?

Otro dato interesante es, que de los diez municipios con mayor participación (que oscila entre 96.1% y 89.72%), seis se ubican en el área del lago de Atitlán, en Sololá, y ninguno es cabecera departamental. Esto podría interpretarse como que la crisis impactó mucho menos en el área rural que en la capital, pues la gente fue a votar, proporcionalmente más que en los centros urbanos, pero también anuló o dejó en blanco su voto; en Sololá, por ejemplo, 85.08% de la población votó, el voto nulo y blanco sumó 9.12%, tal como se aprecia en las gráficas 3 y 4:

Gráfica 3Grafica 4

Gráfica 4 Grafica 5

Por supuesto, algunos analistas han intentado demeritar estos datos al introducir la variable de ciudadanos no inscritos en el padrón electoral, de manera que el razonamiento es más o menos éste: sumados los no inscritos con los que no fueron a votar, el porcentaje supera por mucho a los ciudadanos que votaron por cualquier opción, lo cual probaría la supuesta crisis de legitimidad. Lamentablemente, ese razonamiento falla de nuevo al ver la evolución del padrón electoral respecto del número estimado de población total. La información disponible demuestra que en ese caso, esta es una falla histórica, que incluso parece irse superando con el tiempo. En las elecciones 2015, la relación entre electores y ciudadanos totales era 47%, y no es la más baja de la historia electoral guatemalteca, tal como se demuestra en la gráfica 5:

Esos datos determinan que las elecciones 2015 han producido una gran paradoja: ¿por qué siguen votando los guatemaltecos? ¿Por qué no aumentaron los votos nulos y blancos, y por qué los ciudadanos no se desmovilizaron, electoralmente hablando, tal como pronosticaban algunos analistas?

La discontinuidad: lo atípico del proceso 2015

Por segunda ocasión en treinta años, ocurrió un descalabro del can­didato que supuestamente era considerado ganador; por el contrario, surgió en el 2015 una opción que acaparó de forma meteórica la atención ciudadana: en 1990, fue el “síndrome Serrano”, en el 2015, el “efecto Morales”.

Las similitudes entre esos candidatos es evidente:

  • ninguno de los dos era conocido o considerado ganador antes de la convocatoria a elecciones;
  • Jimmy Morales sólo había competido como candidato a alcalde en Mixco, obteniendo 13,045 votos, 7,95% del padrón electoral de dicho municipio;
  • ninguno obtuvo una bancada numerosa: Serrano obtuvo 18 diputados de 116 (16%), y Jimmy 12 de 158 (8%);
  • ambos fueron impulsados por fenómenos políticos: Serrano Elías fue catapultado por un famoso debate con Vinicio Cerezo (Programa “Conversemos”, mayo de 1990, el que se especula fue pactado), a partir de ese momento, inició su meteórico ascenso;
  • Jimmy fue catapultado por la crisis política que se desarrolló a partir de abril de 2015, cuando se destapó el caso “la Línea”.

Los datos anteriores, más el comportamiento del votante en las elecciones para diputados y alcaldes, demostraron que esa volatilidad electoral afectó igualmente a candidatos a alcalde, que se alzaron con triunfos espectaculares. Ocurrió así, por ejemplo, en Mixco y en la ciudad de Quetzaltenango. Adicionalmente, en el Congreso de la República, la tendencia es a elegir cada vez más opciones partidarias, lo cual a su vez determina una tendencia a la fragmentación del poder de los partidos políticos en el legislativo, gráfica 7.

Gráfica 6Grafica 6

Gráfica 7Grafica 7

En la misma línea de la volatilidad y la dispersión del voto, en las elecciones 2015, por primera vez desde 1985, los dos partidos con mayor votación no superaron, en conjunto, el 50% de los votos válidos, además de que por primera vez hubo un empate técnico entre el segundo y tercer lugar, lo que generó cierta incertidumbre electoral.

Además, a partir de estas elecciones, es seguro que en la segunda vuelta habrán fenómenos nuevos. Por primera vez desde 1995, hay posibilidad de que se rompa el famoso “péndulo ideológico” de la democracia guatemalteca, ello si Jimmy Morales se convierte en el ganador de la contienda electoral. Por el contrario, si gana Sandra Torres, se romperá la tradición de que los partidos que han gobernado empiezan un proceso de declive institucional, hasta que prácticamente desaparecen. El último partido que sufrió éste efecto fue el FRG (tabla 1).

Tabla 1

La misma crisis del 2015 puede leerse como parte de una “falla estructural” del sistema político y electoral guatemalteco, que tiene una tendencia muy marcada a producir microterremotos políticos que inciden en la alteración de la “normalidad” del proceso electoral. Una reflexión más profunda sobre este tema es claramente necesaria, tal como lo demuestra la tabla 2, abajo.Tabla 2

Por ello, una lectura más atenta comprobaría que hay fenómenos muy profundos que demuestran la crisis:

  • la dispersión del voto el intento de alterar la lógica pendular de la democracia guatemalteca
  •  la tendencia histórica a que cada vez hayan más partidos electos en el Congreso de la República (de 6 en 1985 a 14 en el 2015)
  • el voto rural y urbano se diferencia cada vez más, haciendo que las dinámicas territoriales y sociales del país parezcan centrífugas: cada vez hay más alcaldías y la fragilidad de las alcaldías es mayor, debido a que las reglas electorales vigentes garantizan que con un voto de diferencia, el ganador se lo lleva todo.

Además, se mantienen retos pendientes:

  • la temática de inclusión de mujeres y pueblos indígenas no ha avanzado
  • las condiciones para la regulación partidaria
  • el fortalecimiento de las funciones y atribuciones del Tribunal Supremo Electoral no han variado, lo cual favorece que el peso del dinero y la influencia de los medios de comunicación en el ámbito electoral siga vigente.

¿Continuidad o ruptura? 

El panorama electoral para la segunda vuelta de elecciones

Partidos desapEn general, el 2015 demostró que pese a que los guatemaltecos parecen que están inconformes con la democracia, tal y como lo demuestra el estudio del Barómetro de las Américas del 2014, los ciudadanos siguen pensando en que las elecciones hacen la diferencia. Curiosa paradoja: a mayor deslegitimación, los guatemaltecos tienen más urgencia por asistir a las urnas.

La segunda vuelta electoral, por lo tanto, se inscribe en este panorama de crisis institucional, en la que los ciudadanos, pese a que siguen votando masivamente, se encuentran altamente insatisfechos de los candidatos y las fórmulas partidarias, lo cual augura que si el pírrico ganador de la segunda vuelta electoral no sabe leer adecuadamente el contexto e interpreta su “triunfo” con un excesivo triunfalismo, se pronostica una muy probable crisis mucho antes de que dé inicio el proceso electoral 2019.

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