Carlos Guzmán-Böckler: el sociólogo que se adelantó a su época (1930-2017)

El 31 de enero, acabándose el primer mes del año, nos dejó el Dr. Guzmán, así lo llamábamos sus discípulos. Alguna vez me diría: “Walda, no me diga doctor, dígame Carlos”, pero después de haber recibido sus enseñanzas en la Facultad de Derecho, recién instalada en el campus de la ciudad universitaria, eso ya no sería posible.

Coordinaba en ésa época un seminario sobre problemas nacionales, organizado con un grupo de monitores –una suerte de auxiliares–, entre los que se encontraban Antonio Mosquera Aguilar, Edgar Palma Lau, Edgar Marroquín, Michele Marsicovetere y Edgar de León Sotomayor. Era, en realidad, un equipo de trabajo para ayudar a construir juicio crítico, porque como refiere María Aguilar, “el doctor Guzmán Böckler tenía una fe inconmensurable en la juventud”[1], y por eso preparaba a ese grupo de jóvenes en las lides de la docencia y el debate académico. En dicho seminario se hacía la lectura previa de un texto, que después discutíamos con el monitor en el aula. Fue una época de intensa formación, con compromiso en las transformaciones sociales por una Guatemala más justa e inclusiva.

Posteriormente volvimos a coincidir, ahora en el exilio mexicano, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. En esa ciudad se le encargó a Andrés Fábregas Puig en 1985, fundar la sede sureste del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS),[2] de la cual el doctor Guzmán Böckler era investigador y eventualmente docente.

Los aciagos años 80 fueron la época de la política de tierra arrasada en Guatemala y del éxodo masivo de los campesinos del altiplano guatemalteco hacia Chiapas; pero también de los procesos de expulsión de campesinos tzotziles de sus comunidades de origen por motivos de conversión religiosa. Le correspondió al Dr. Guzmán Böckler coordinar el equipo que realizaría la indagación sobre el fenómeno religioso en Chiapas, para el efecto, recorrió todo el estado sureño.

Por la misma época, formábamos con otros intelectuales, personas académicas y artistas mexicanos, parte del grupo que daba vida a La Casa de las Imágenes, un centro cultural en dónde se discutían los temas políticos de la época; en ese contexto se presentó y comentó el libro de Ricardo Falla[3] Masacres en la selva, cuando éstas estaban sucediendo. Allí mismo se promovió la campaña para apoyar la entrega del Premio Nobel de la Paz (1985) a Rigoberta Menchú, y muchas actividades más de carácter político académico.

El quehacer intelectual del doctor Guzmán Böckler nunca estuvo desvinculado de la búsqueda del cambio social; esto incluyó su asesoría teórica a la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) y su trabajo académico sobre temas mexicanos. Antes de Chiapas, había estado en Pátzcuaro, Michoacán ocupándose de los purépechas y, aunque fascinado con su idioma, ello no lo alejó nunca de Guatemala.

En 2016 la Editorial Catafixia, decidió editar por primera vez en Guatemala Dónde enmudecen las conciencias. Crepúsculo y aurora en Guatemala, obra medular del Dr. Guzmán Böckler, publicada por primera vez en 1986 por SEP/CIESAS en la ciudad de México. La edición de Catafixia fue promovida por un grupo de jóvenes editores[4] interesados en el pensamiento de un hombre que se adelantó a su época.

Ahora bien, por qué afirmo que el Dr. Guzmán se adelantó a su época: Porque cuando él junto a Jean Loup-Herbert (1941-2005) recorrían el occidente guatemalteco, la población indígena era considerada como “el problema social del indio”, no como actores y actoras sujetos de su propia historia. Reconocer el rostro indígena de Guatemala y su potencial negado fue el delito capital que le trajo rechazo y ostracismo en una Guatemala profundamente racista.

Se necesitaron 36 años de enfrentamiento armado y represión para que se reconociera a Guatemala como un país plurilingüe y pluricultural, que es el principal legado de los acuerdos de paz. Las  ideas del Dr. Guzmán Böckler están detrás del Acuerdo sobre identidad y derechos de los pueblos indígenas (firmado en México, D.F. el 31 de marzo 1995).

En una época dominada por la herencia del stalinismo, que impuso el dogmatismo, era difícil plantear un pensamiento alternativo inspirado en Memmi y en la formación académica que había tenido en FLACSO-Chile y en Francia con Alain Touraine.

Nuestra única universidad pública, de la que egresó en los años 50, y en dónde afortunadamente ejerció la docencia, no lo aquilató. Fueron las mujeres y hombres de los pueblos mayas a quienes siempre acompañó quienes reconocieron sus enseñanzas.

Los intelectuales ladinos nunca entendieron su propuesta; nunca entendieron que se estaba refiriendo a un carácter social, históricamente construido al estilo en que lo planteara Wilhem Wundt (Volkerpsychologie), estos se sintieron interpelados y por ende ofendidos. Nunca dejaron de ser íntimamente racistas, aunque ahora son “políticamente correctos”.

La otra incomprensión se refiere a la dicotomía ladino/indígena, que está planteada como tal por razones metodológicas. No se trata que el Dr. Guzmán Böckler pensara que la sociedad estaba integrada únicamente por ladinos e indígenas, ni que ambos grupos sociales formaran un todo homogéneo. Nada más alejado del pensamiento holista del gran humanista que era.

Descontextualizar y tergiversar han sido siempre las herramientas de quienes detentan el poder y que pueden por ello hacer que sus puntos de vista prevalezcan.


Estas reflexiones, escritas en primera persona, porque soy fiel a la tradición feminista del conocimiento situado, las hago desde mi perspectiva de alumna, compañera de exilio mexicano y amiga que compartió largas horas de tertulia en su casa de Mixco, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y en muchos otros lugares.

[1] “Adiós a Carlos Guzmán Böckler”, elPeriódico, Guatemala, lunes 6 de febrero, 2017 (p. 18: Opinión)

[2] El CIESAS fue fundado en 1973 por Gonzalo Aguirre Beltrán, Guillermo Bonfil y Ángel Palerm. Bonfil tenía relación de amistad con el Dr. Guzmán Böckler.

[3] Sacerdote jesuita, nacido en Guatemala en 1932. Acompañó a las Comunidades de Población en Resistencia (CPR), y, a través de sus libros evidenció el genocidio en Guatemala.

[4] Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado tuvieron a su cargo el cuidado editorial. Ilustrado por Álvaro Sánchez

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