Editorial “La segunda frontera: migración en el Triángulo Norte”

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La migración transnacional –una de las preocupaciones actuales en la región centroamericana– se relaciona con los factores estructurales que propician la expulsión de población y también con las políticas públicas para atender, no solo las causas que generan la movilización, sino que además, para garantizar los derechos de quienes lograron llegar a los centros de destino. Por ello, es relevante el papel del Estado y sus instituciones, así como el de la sociedad civil para complementar el rol público en esta materia.

En Centroamérica, el espacio territorial para situar la problemática migratoria es la delimitación que recientemente hizo Estados Unidos con el denominado Triángulo Norte, integrado por Guatemala, El Salvador y Honduras, los cuales en su conjunto, constituyen la segunda frontera antes de llegar a dicho país del Norte. Este es un marco de inversiones para el desarrollo y apoyo para prevenir la violencia, con los cuales se pretende reducir o evitar la migración transnacional, principalmente aquella dirigida hacia Estados Unidos.

Como es conocido, el patrón migratorio hacia el Norte, es producto de los impactos sociales que genera el modelo económico y político. Por un lado, el modelo de acumulación en el campo y la carencia de políticas de apoyo a la economía familiar campesina, provocan la salida de menores de edad, de hombres y mujeres jóvenes, que buscan en Norteamérica las condiciones individuales y familiares que en el país no han podido encontrar. El problema de la violencia, que se materializa en asesinatos, extorsiones y amenazas ha sumado un factor más para la movilidad de personas.

Paradójicamente, y en contraste a la salida de población (generalmente pobre), lo que a cambio retorna al país son remesas en dólares para apoyar la economía familiar y para la inversión local.

Si tomamos como referencia los ingresos por divisas, bajo el concepto de remesas familiares, comprendidas entre 2010 y 2016, el país ha recibido 37 381 776.8 millones de dólares. En 2014, ingresaron 4 126 784.1 y en 2016, 7 159 967.6 millones de dólares (véase gráfica). En tanto el ingreso de divisas por exportaciones entre 2015 y 2016 fue de 6 372.7 millones y 6 421.9 millones de dólares respectivamente. Esas cantidades ponen en relieve la importancia que las transferencias de dinero de los migrantes tiene para una población vulnerable por las condiciones de pobreza y la debilidad del Estado.

 

Con la toma de posesión del nuevo gobierno estadounidense, cuyo candidato presidencial utilizó en su campaña un fuerte discurso contra la inmigración ilegal, cabe preguntarse ¿qué consecuencias traerá para los migrantes en Estados Unidos y para aquellos que en Guatemala se benefician de las remesas la nueva política del presidente Trump? Pero es aún más importante preguntarse ¿qué políticas tomará el Estado de Guatemala, para apoyar a los migrantes nacionales en Estados Unidos y qué medidas de contingencia tiene contempladas para atender un escenario de deportaciones masivas?

El anterior es un tema con muchas aristas que será motivo de una discusión prolongada y permante. Por ello, en este nuevo diálogo de FLACSO, abordamos a través de varios autores, algunas de las variables que el fenómeno migratorio en la actual coyuntura conlleva. Esperamos que las ideas aquí expresadas aporten a la discusión sobre el tema y sirvan para definir posibles soluciones.

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