Pedagogía de la participación para jóvenes más democráticos

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Guatemala es un país en el cual la democracia aún se está construyendo. Si bien ya han pasado más de 20 años desde la firma de los Acuerdos de Paz, muchos de los factores que detonaron el conflicto armado interno siguen presentes en nuestra sociedad y sus secuelas siguen siendo palpables.

 

Se podría pensar que el problema está resuelto porque Guatemala tiene un bono demográfico de jóvenes que no vivieron el conflicto armado interno y que, por ende, deberían de ser proclives a vivir en democracia. Sin embargo, las prácticas antidemocráticas continúan presentes en el país y se siguen enseñando en la sociedad a través de instituciones como la familia y la escuela.

 

Si bien, a partir de los acuerdos de paz se realizó una reforma educativa, que tuvo como marco de discusión los llamados “Diálogos y consensos para la reforma educativa”, en los que participaron personas de distintos grupos sociales, dando como resultado una transformación curricular del sistema educativo guatemalteco, a la fecha, en los centros educativos del país se continúan viviendo prácticas antidemocráticas.

 

Lo anterior hace preguntarse, ¿por qué si hubo una trasformación curricular, esta no se ha convertido en prácticas democráticas entre los ciudadanos más jóvenes, principalmente? Esto se debe a que si bien el currículo formal aborda temas como la interculturalidad, el plurilingüismo, la democracia, la participación, la igualdad de género, entre otras, ya en el currículo real, estos son vistos únicamente como un contenido más a desarrollar dentro de un área curricular específica que, por lo general, es formación ciudadana, quitándole el valor trasversal y, por ende, su vivencia cotidiana.

 

Sin embargo, esos temas también son abordados desde el llamado “currículo oculto”, que no es más que las prácticas, actitudes, gestos, discursos que se viven día a día y que no están inmersos dentro de los procesos de planificación docente.

 

En otras palabras, si los jóvenes reciben una clase sobre la democracia pero tienen un docente que toma todas las decisiones, que no permite que los estudiantes emitan opinión y el autoritarismo es una constante en el centro educativo y en la familia, las relaciones de poder desiguales es lo que aprenderá el joven como una práctica normal y natural. Si los jóvenes reciben una clase sobre participación, pero en la escuela existen gobiernos escolares que solamente tienen la función de trasladar a sus compañeros la información que el director o directora necesita, no estarán aprendiendo a participar y a tomar decisiones para el mejoramiento de las condiciones de otros estudiantes. O bien, si los jóvenes reciben una clase sobre igualdad de género, pero los discursos que utilizan los docentes refuerzan los roles de género socialmente establecidos, o si reciben una clase de interculturalidad pero observan discriminación en su escuela y su familia hacia la población indígena, no se estará formando a los jóvenes para vivir en democracia.

 

Los ejemplos anteriores evidencian que, en gran parte de la cotidianidad del desarrollo de los procesos educativos, aún se mantiene el enfoque en los contenidos y no en las personas y sus múltiples necesidades e identidades.

 

Para contribuir a la trasformación de las situaciones anteriores, el Programa de estudios sobre educación de FLACSO-Guatemala promueve la pedagogía de la participación, la cual permite la creación de entornos educativos seguros, incluyentes y atractivos. Tales entornos refuerzan la experiencia de la enseñanza, aprendizaje y evaluación, respaldan diferentes tipos de aprendizaje, valorizan el conocimiento y la experiencia de los sujetos y permiten la participación de todos respetando las diversas identidades. Igualmente, dicha metodología garantiza que todos los sujetos se sientan valorados e incluidos y fomenta la autoestima, la comunicación, el trabajo cooperativo, la resolución creativa de los conflictos, el respeto, la sensibilidad cultural y otros valores y competencias necesarios para vivir en un mundo diverso. Dichos entornos también proporcionan un espacio seguro para el debate sobre temas polémicos y de interés de los sujetos (Pineda y Rodríguez, 2017).

 

La pedagogía de la participación tiene cinco componentes:

 

  • Contextualización: Se centra en el reconocimiento de las identidades de los sujetos y de las comunidades a las que pertenecen, con el propósito de analizar las problemáticas locales y plantear estrategias para el reconocimiento de sus visiones y perspectivas particulares.
  • Relacionamiento democrático: Reconoce, respeta y acepta la pluralidad de las identidades que se encuentran dentro del espacio escolar, brindándoles oportunidades en igualdad de condiciones para proponer y participar.
  • Convivencia escolar: Se estimula la convivencia escolar desde la perspectiva de la cultura de paz, dentro de la cual es importante el trabajo colaborativo, el ejercicio de los derechos humanos y la resolución creativa del conflicto.
  • Estrategias de enseñanza aprendizaje y evaluación: Las estrategias de enseñanza, aprendizaje y evaluación deben adecuarse a las particularidades y necesidades de los jóvenes con los cuales se trabaja, tomando en cuenta sus distintas identidades con el propósito de que adquieran aprendizajes significativos. En el caso de la evaluación, se propone que esta sea horizontal y que los distintos sujetos puedan ser evaluados y evaluar a otros desde una perspectiva de ética y responsabilidad.

 

Las estrategias de enseñanza, aprendizaje y evaluación tienen como eje transversal la investigación-acción, para que partiendo de procesos de investigación se puedan mejorar las estrategias de enseñanza aprendizaje y la evaluación.

Gestión educativa: Propone un cambio de perspectiva al transitar de la administración educativa, que tiene como prioridad aspectos administrativos, a la gestión educativa que toma en cuenta la administración escolar, pero también los procesos de enseñanza aprendizaje, brindándole al director o directora un nuevo rol dentro del centro educativo, permitiendo la integración de la comunidad educativa y la participación comunitaria para lograr los componentes planteados anteriormente.

Estos cinco componentes, al interrelacionarse, permiten una concreción de la pedagogía de la participación, la cual se busca se convierta en una forma de vida y no en un mero proceso de enseñanza para lograr docentes más incluyentes y respetuosos de las diferencias en aspectos étnicos, género, clase social, lugar de residencia, orientación sexual y discapacidad; docentes que utilicen estrategias de enseñanza, aprendizaje y evaluación  más innovadoras, creativas, participativas; que cuenten con un mayor conocimiento y sentido crítico hacia la realidad nacional en aspectos sociales, económicos, políticos y educativos; que tengan mayor apertura al diálogo y respeto a las ideas diferentes; más democráticos, participativos y receptivos a las opiniones de los estudiantes y de otros docentes, todos estos, elementos que van a permitir una transformación de prácticas pedagógicas en los centros educativos y el acercamiento por parte de los estudiantes a prácticas más democráticas que, a la vez, van a favorecer su aprendizaje en las generaciones más jóvenes.

Bibliografía:

Pineda, José y Aimee Rodríguez (2017). Enfoque de la Pedagogía de la Participación. Guatemala: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

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