La hipocresía estadounidense frente a la migración

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El 10 de abril del presente año, alrededor de 100 migrantes encarcelados en el Centro de Detenciones del Noroeste ubicado en Tacoma, estado de Washington, estallaron una huelga de hambre. En los días transcurridos desde el inicio de la protesta, varios centenares más de estos prisioneros se han sumado a la huelga y en la actualidad se habla de 700 ayunantes. Las demandas de los prisioneros fueron  las siguientes: agilización del proceso judicial (los detenidos tienen que esperar hasta dos meses para ser presentados a un juez); mejorar la higiene de la ropa y acceso a atención médica oportuna; mejorar la comida (que se reduce a arroz y frijoles), bajar los precios en la comisaría (tienda de raya) y de los costos exorbitantes por llamadas telefónicas. Piden también incrementar el pago de un dólar diario por el trabajo que hacen en la cárcel. A los detenidos en ocasiones se les ofrece una bolsa de papas fritas por horas de trabajo. El Centro de Detención del Noroeste (NWDC por sus siglas en inglés) alberga a 1 500 de los más 35 mil inmigrantes presos que usualmente mantienen los Estados Unidos de América. Es uno de los más grandes de dicho país y se ubica en una locación industrial con contaminantes tóxicos, sin salidas de emergencia adecuadas. En el NWCD, dos terceras partes de los detenidos son mexicanos, mientras que el 30% restante son salvadoreños, guatemaltecos, hondureños y ecuatorianos, además de 7% de otras nacionalidades. El lugar es una de las cárceles privatizadas del grupo GEO, por lo que las condiciones de campo de concentración que mantienen los prisioneros son debidas a criterios de rentabilidad propias de una empresa capitalista. Siendo los proveedores de sus familias, la prolongación del cautiverio no solamente castiga a los migrantes sino a sus familiares que se ven sumidos repentinamente en una situación de absoluta precariedad económica.

 

(Foto: Juventud Rebelde)

Resulta insoslayable la hipocresía de los distintos gobiernos estadounidenses que persiguen ferozmente a los migrantes y al mismo tiempo los necesitan como fuerza de trabajo. La persecución feroz no es solamente una política del gobierno de Trump por mucho que este haya agitado esa bandera durante su campaña electoral y en los primeros meses de su presidencia. He aquí los números que muestran que  la cacería y deportación de migrantes es una política de Estado desempeñada por la Casa Blanca, sea ésta demócrata o republicana: George H. Bush (1989-1993) deportó en cuatro años a 160 mil inmigrantes;  William Clinton (1993-2001), en ocho años, a 860 mil; George W. Bush (2001-2009) en igual período expulsó a dos millones y, finalmente Barack Obama Obama (2009-2017), también en ocho años, deportó a 2.8 millones. Lo que se busca con esta cacería es colocar a los migrantes en una situación tal de vulnerabilidad que facilita su precariedad laboral y su  explotación inmisericorde a través salarios miserables. La criminalización de los migrantes que han hecho los gobiernos estadounidenses y que ahora encabeza Trump, persigue en realidad la esclavización del trabajo migrante.

 

Los Estados Unidos de América y los países centrales del capitalismo mundial necesitan a los migrantes mientras el trabajo humano sea necesario para la reproducción capitalista. Acontece que la población nativa no hispana en Estados Unidos muestra una tendencia a disminuir. La dinámica demográfica estadounidense puede verse en los libros de Win Dierckxsens y también en uno de Alejandro I. Canales (E Pur si Muove, Universidad de Guadalajara/MAPorrúa, 2015). En 1970, la tasa de natalidad por mujer era de 2.5 hijos mientras que en 2013-14 llegaba a 1.8. En los Estados Unidos de América, y en general en los países centrales, observamos bajas tasas de natalidad y mortalidad y un aumento de la expectativa de vida que redunda en un envejecimiento de la población.

 

En pocas palabras, la dinámica demográfica está poniendo en peligro la reproducción de la sociedad de los países centrales y, por tanto, la reproducción del capital. Los países centrales necesitan de la migración del sur para poder darle continuidad a ambas reproducciones. Pero esta necesidad tiene repercusiones en la composición étnica de estos  países. En los Estados Unidos de América, la población de origen latino pasó de 14.6 millones en 1970 a más de 50 millones en 2010, y en 2040 ascenderá a 120 millones, cifra que constituirá 30% de la población estadounidense, mientras que la población blanca no latina representará 49% de dicha población. De persistir las actuales tendencias demográficas, a mediados del siglo XXI, los blancos serán una minoría en ese país del Norte. Esto fue lo que percibió con horror Samuel Huntington en su libro El choque de las civilizaciones y el reordenamiento del mundo global (1996) y esto es lo que perciben con horror los supremacistas blancos y los partidarios de Trump.

 

He aquí la contradicción que explica la dinámica actual en Estados unidos y también en el resto de los países centrales: el capitalismo y la sociedad en su conjunto necesitan a los migrantes para no morir de inanición por falta de fuerza de trabajo, pero la migración con su fecundidad amenaza la composición mayoritariamente blanca de dichas sociedades. En Estados Unidos, pero también en Gran Bretaña, Francia, Austria, Bélgica, Holanda y Alemania, la crisis que ha provocado la globalización neoliberal y la marea migratoria del sur de piel morena, ha desencadenado un auge de los partidos neofascistas que recuerda al auge fascista en Alemania e Italia después de la gran crisis de 1929.  Esta es la razón por la cual la lucha de los migrantes y el acompañamiento que le den diversas organizaciones sociales y políticas tienen en la actualidad un valor estratégico. Contrariamente a su discurso democrático, la globalización neoliberal ha desencadenado lo que Antonio Gramsci llamó “los fenómenos más morbosos”: el resurgimiento del neofascismo, el creciente autoritarismo estatal, el racismo, el armamentismo y la creciente esclavización del trabajo. Buena parte de estos fenómenos morbosos los recienten los migrantes.

 

Resulta claro entonces, este nuevo sendero de lucha.

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