Guatemala, julio 2005

Nueva época, Año 4, No. extraordinario

El ejercicio de la ciudadanía en el exterior: un derecho negado

Una situación nueva para la que no estamos preparados

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Presentación


El ejercicio de los derechos ciudadanos de los guatemaltecos (as) que viven en el exterior, ha estado presente en los estudios que sobre las migraciones ha realizado FLACSO-Guatemala en los últimos años. El tema invita a un debate amplio y plural. Provocador de controversias diversas, impone retos para el proceso de construcción y fortalecimiento de la democracia. Por ello, en este documento se incluyen perspectivas para la discusión de un tema que se estima ineludible y de actualidad. Por una parte, se inserta la voz de algunos actores directos: representantes de organizaciones de guatemaltecos en EE.UU. que resumen sus argumentos; por la otra, se presenta una propuesta de reflexión sobre el tema, que aporta elementos a tomar en cuenta para el abordaje y debate de esta temática.


Una situación nueva para la que no estamos preparados                              Maricela García*

 

El momento histórico que vivimos desafía esquemas y rebasa el orden social y político que conocemos. El surgimiento de nuevos conceptos, como ciudadanía global y comunidades transnacionales, requiere una redefinición de la participación cívica. Las demandas de los inmigrantes guatemaltecos en EE.UU. por crear espacios de participación ciudadana en su país de origen, no constituyen una pretensión aislada sino son parte de los desafíos políticos y sociales que múltiples países están enfrentando. La globalización, impulsada por los avances tecnológicos alcanzados durante las últimas tres décadas, facilita la comunicación y promueve la movilidad humana. Se han desaprovechado las posibilidades de que la globalización sea un catalizador de la democracia y un ecualizador para la calidad de vida de la humanidad, pues hasta ahora han sido controladas y dirigidas fundamentalmente por los intereses económicos de los países poderosos. De ahí la infame asociación de la globalización con los tratados de libre comercio y políticas neoliberales, que representan un riesgo muy alto para las economías débiles de los países pobres.

 

Las políticas y las instituciones de financiamiento internacional que los países desarrollados han creado para impulsar la globalización carecen de estrategias para un desarrollo integral sostenible. El incremento de la pobreza, desempleo, violencia y emigración en los países pobres refleja la necesidad de promover la educación, salud, vivienda, trabajo, el mejoramiento del medio ambiente, los derechos civiles y humanos, y o solamente la apertura de mercados. Siendo la migración parte de este paradigma mundial, resulta contradictorio que, mientras las fronteras se abren para el capital para productos y tecnología, se vuelvan más rígidas para los trabajadores. Lo inevitable de la migración internacional y la falta de voluntad política para ordenarla y legalizarla han generado caos con un alto costo humano. Miles de seres humanos mueren o son mutilados y violentados en las fronteras, y sus derechos humanos son violados con frecuencia en el país de destino. A pesar de las enormes contribuciones que los trabajadores migrantes otorgan tanto al país donde trabajan como al de procedencia, ninguno se responsabiliza de proteger sus derechos.

 

El fenómeno de la migración es como una presa de agua: se diluye ante las presiones económicas y se rompe abriéndose paso desordenada y compulsivamente ante la falta de canales para conducirla. Varios factores entran en juego en esta dinámica, pero uno de los que sobresale es la falta de participación ciudadana de los migrantes para gestionar sus derechos, tanto en el país de origen como de destino. Los migrantes generalmente están aislados de los procesos políticos y electorales de ambos países; barreras culturales, de idioma y situación migratoria determinan en parte esta situación.

 

En el caso de los de inmigrantes guatemaltecos que viven en ese país, se sitúa en la categoría de "indocumentados". Para la sociedad estadounidense, estas personas son criminales por haber entrado al país sin autorización y, por ende, el grado de protección social y legal con que cuentan es limitado.

No obstante, con sus impuestos contribuyen al bienestar de esa sociedad. Los guatemaltecos buscan mantenerse vinculados y tener espacios de participación en su país de origen y por ello buscan asociarse en fraternidades de oriundos. Existen cientos de organizaciones que, aparte de ayudar con tareas humanitarias, también recaudan fondos para obras sociales en sus pueblos natales. A través de estas asociaciones, los inmigrantes envían donaciones para obras en sus lugares de origen. Si se toma en cuenta que la mayoría de connacionales ganan sueldos bajos, muchas veces por debajo del salario mínimo, las sumas de dinero que envían son impresionantes.

El fuerte sentido de identidad, solidaridad y compromiso con sus comunidades, por parte de los guatemaltecos emigrantes, hace que la demanda del derecho de participación en los procesos electorales de Guatemala sea justa y meritoria; aún más, si se toma en cuenta que se trata de más de 10% de la población guatemalteca y que el monto de sus remesas aumenta considerablemente cada año. Con sus aportes, los emigrantes guatemaltecos han logrado lo que ningún sector económico ha podido: rescatar al país de la bancarrota. Por ello, tiene sentido que quieran pasar de ser actores económicos a actores políticos. La posición del Gobierno en torno al tema del voto en el extranjero ha sido, hasta hoy, desalentadora. Algunas instancias han expresado apoyo verbal, pero no han hecho nada concreto. Otros, se han opuesto abiertamente, aduciendo problemas de costos financieros y temiendo lo impredecible del comportamiento de este nuevo actor político. Algunos indican que el problema está en la implementación del proceso. Estas consideraciones tienen sentido, pero deben discutirse a la luz de un proceso de investigación y consulta para poder aclararse.

 

Afortunadamente, países que, con altos índices de migrantes han aprobado e implementado el voto en el extranjero, ofrecen experiencias que permiten conocer factores exitosos o de fracaso y que pueden ayudar en la búsqueda de caminos acertados para alcanzar las metas. Un paso recomendable sería llevar a cabo simulacros de elecciones en tres o cuatro ciudades de EE.UU. con características diferentes, para evaluar dichos procesos y sus resultados. Ésta sería una forma efectiva de recaudar información y tener elementos objetivos de los cuales partir para embarcarnos en un proyecto más ambicioso. Los inmigrantes organizados estamos dispuestos a trabajar con el Estado en el diseño de un plan que permita avanzar en las primeras etapas de este proyecto. Sin embargo, la barrera más grande para su realización es la falta de voluntad política. Si se toma en cuenta que lo que más exporta Guatemala es mano de obra –y seguirá haciéndolo hasta que haya ejes claros de desarrollo económico– es importante que el Estado defina su responsabilidad ante el millón y medio de inmigrantes que radica en EE.UU., a través de políticas que atiendan efectivamente sus necesidades e intereses.

Una situación nueva para la que no estamos preparados
Los guatemaltecos en el exterior
deben ejercer sus derechos cívicos
El voto en el extranjero: ejercicio de la ciudadanía para la construcción de la democracia
Conceptos para el debate
A manera de conclusión
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* Presidenta de la Coalición de Inmigrantes Guatemaltecos en Estados Unidos –CONGUATE–

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