Los Medios de Comunicación en Guatemala

Antes de iniciar el análisis sobre los medios, se planteó una duda: ¿a qué medios se refieren cuando se habla de los medios guatemaltecos? El cuestionamiento surge de la tendencia a ver bajo esa idea a una entidad monolítica, que tiene una acción conjunta y concertada simultánea sobre toda la población guatemalteca: hombres, mujeres, niños, indígenas, ladinos, personas del área rural y personas urbanas. Sin embargo, cuando se habla del régimen de los medios guatemaltecos, se habla de cinco realidades distintas.

La primera de ellas es la que se observa en la ciudad capital, donde existen los grandes medios capitalinos de proyección nacional. Estos medios, asentados en la ciudad, se nutren constantemente del palpitar de los centros del poder económico, político y social y, en última instancia, se toman como referente para analizar la realidad guatemalteca, aunque en dicha realidad no tengan un asiento que abarque a toda la sociedad. Entre dichos medios están, en primer lugar, los periódicos; en segundo lugar, las grandes cadenas de radio, que son las que constantemente se enlazan, pero que, con redacciones desde la capital, por lo regular proveen información de hechos acaecidos en la metrópoli, dándole una cobertura marginal a lo que sucede en el resto del país; y en tercer lugar, la televisión guatemalteca, también asentada en la capital.

Los medios mencionados responden a una misma línea, aunque con algunas variaciones. Esto puede verse en las campañas concertadas en contra de gente de otros bloques informativos; la más reciente fue la campaña que se divulgó sobre la forma en que la juez Verónica Galicia procesó los datos relacionados con la entrevista que Aroldo Sánchez hizo a uno de los hermanos Valdez Paiz. También hay que recordar la acción concertada de esos medios en contra de Gustavo Berganza. En ese sentido, dichos medios pueden verse como un bloque, porque responden a una misma línea en determinado momento, aunque, como ha constatado doses2  en las observaciones electorales, estos medios tienen diferentes matices a la hora del proceso electoral.

El otro bloque son los medios que existen en el resto del país, fuera de la capital. Estos medios (muchos de ellos independientes) generalmente responden a intereses locales; por ejemplo, los sistemas de cable. Ahora se puede observar que en las cabeceras importantes, en los grandes mercados mediáticos, cada sistema de cable tiene su propio noticiero de producción local, orientado a los problemas y a los protagonistas de cada uno de esos mercados locales.

Existen, además, los medios estatales. Actualmente, una de las políticas del gobierno en el tema de la comunicación es rehabilitar las estaciones de la radio nacional y tratar de proyectarlas más hacia la totalidad de la población. Otro ejemplo es el Diario de Centroamérica y la política de darle una línea editorial distinta. Lamentablemente, estas propuestas sólo se quedan en el intento, con la intención inicial de convertirlos en medios públicos, pues en el camino se ha visto que se convierten más bien en una contraparte de las caras que muestran los medios independientes y los medios del interior del país.

A pesar de la diferencia de régimen de propiedad, de los alcances de interés y de las coberturas, generalmente todos los medios se asumen respetuosos de la democracia, respetuosos de la diversidad política, respetuosos del Estado de Derecho y, por supuesto, manifiestan un compromiso, por lo menos verbal, con la lucha contra la impunidad (aunque no se encuentren prácticas efectivas y decididas al respecto), pues una cosa son los principios y otra cosa son las acciones.

En el caso de los medios locales, muchos de ellos están sometidos, lamentablemente, a los intereses de los líderes del lugar. Éstos suelen ser no solamente los líderes locales en términos económicos, sino además los propietarios de las franquicias electorales que luego van a ser negociadas, transadas, cooptadas e integradas dentro de un régimen de partidos políticos que, como el guatemalteco, no es un régimen que represente a toda la población dada la estructura de la ley. Sí, hay un régimen que se apoya muchísimo en los caciques locales, quienes a su vez son los que controlan los medios del lugar. Por ello, muchas veces, en ese contexto es muy difícil ejercer un periodismo de investigación, un periodismo crítico, porque estos medios de comunicación están vinculados orgánicamente con la estructura de los medios locales y, en ese sentido, los medios juegan un papel mínimo en la lucha contra la impunidad.

Por otra parte, también existe el problema de la práctica profesional de los periodistas departamentales, pues, a diferencia de lo que sucede aquí en la capital, los periodistas que trabajan en los medios departamentales muy pocas veces –es más una cuestión de excepción que de regla– pueden dedicarse tiempo completo a dicha labor. A pesar de que se han hecho esfuerzos para profesionalizarlos en las extensiones universitarias departamentales en cuanto a sus carreras de comunicación, lo cual en mayor o menor medida ha permitido empezar a compartir el uso de un lenguaje común en términos de ética y de técnica periodística (un avance en comparación con lo que se tenía), aún existe el problema de la falta de dedicación completa de los periodistas a la que han escogido como su profesión.

La mayoría de los periodistas que trabajan para grandes medios nacionales asentados en la capital, que envían noticias de los departamentos, no tienen un salario fijo, sino cobran por nota publicada. Ése es un gran problema que les plantea una cuestión de supervivencia: cómo complementar sus ingresos. Algunas veces esta circunstancia ocasiona conflictos de intereses con la práctica periodística misma, ya que trabajan como relacionistas públicos o secretarios en las municipalidades, como administradores de los negocios de los caciques locales, o simplemente trabajan en una actividad que no tiene nada que ver con la práctica periodística en general. Esta situación hace mucho más difícil que en los medios locales haya crítica, transparencia de lucha contra la impunidad y denuncia de lo que sucede en los poderes locales. Lo anterior plantea muchas limitaciones para que haya un verdadero ejercicio periodístico libre e investigativo que luche contra la impunidad en el interior del país.

Se asevera que en el caso de la televisión guatemalteca en general existe una actitud de mucha complacencia hacia el gobierno, pues la mayor parte de la pauta publicitaria del presupuesto que éste invierte para promocionar sus mensajes se destina a la televisión abierta –ya sea por razones de ley o por razones prácticas– y, de hecho, hay una gran avidez de la televisión nacional hacia ese financiamiento. El resto de dicho presupuesto se reparte en canales de cable, medios impresos y algunas radios.

Sin embargo, en el caso de la televisión abierta, hay que recordar que fueron los diputados quienes aprobaron en el decreto de presupuesto del 2009 (que tiene vigencia durante el 2010) un artículo en el cual se establece que 50 millones de quetzales de los 79 o 78 millones de quetzales asignados, que es el monto que se ha destinado a la Secretaría de Comunicación de la Presidencia, deberán ser invertidos en este tipo de medios.

Aunque habría que matizar, uno de los medios de mayor penetración es la televisión abierta. Si bien es cierto que a ésta se le asigna un gran poder, debemos tomar en cuenta que, en este marco de mediocridad, los periodistas y los editores, no sólo de los medios televisivos sino de muchos medios, no profundizan en la búsqueda de la información. Esa mediocridad conspira para que la poca información que circula sea la base sobre la que construyan un imaginario que posteriormente reproducen a través de la televisión, la radio y los cables departamentales.

Dentro del mismo tema está el asunto del dueño de la televisión abierta como un gran elector, o por lo menos eso es lo que piensan los políticos. Existe una relación perversa no solamente entre los políticos sino también entre el gobierno y la persona que domina los cuatro canales de televisión abierta. ¿Cómo se traduce esto en términos de un compromiso contra la impunidad? En general, los medios de televisión abierta no han desarrollado, lamentablemente, una práctica periodística investigativa que permita desvelar con exactitud las falencias del sistema legal, del sistema político guatemalteco. Aunque, como ya se dijo, no se puede generalizar, la cobertura de los medios en la actualidad es más factual que analítica e interpretativa. Es muy arriesgado prever hasta qué punto podrá llegarse a una libertad, a un amplio profesionalismo, a un compromiso de lucha contra la impunidad, desvelando aspectos de mal funcionamiento del sistema político guatemalteco y del sistema judicial, por el hecho del gran acuerdo que pareciera existir en la cima, entre la persona que controla esos canales, los políticos, el gobierno y algunos otros grupos de poder.

Está además el sector de la llamada prensa independiente, donde se realiza sistemáticamente la crítica con todas las limitaciones que esto implica, porque la prensa llamada independiente, por supuesto, también tiene sus intereses; es una prensa que depende fundamentalmente de la facturación comercial. Éste es, en síntesis, el panorama de los medios de comunicación en Guatemala.

Continúa en la siguente páguina…