APROBACIÓN DEL DERECHO DE LAS MUJERES AL VOTO

En los meses de enero y febrero de 1945, previo a la aprobación del derecho al voto femenino, el debate en el seno de la Asamblea Constituyente significó arduas discusiones –algunas se caracterizaron por ser sumamente radicales:

“Fue un papeleo, nos gritaban horrores en la Asamblea, decían que era una espada de dos filos, que si daban el voto, que nos podían manejar, ¡yo dije que no éramos manejables y que teníamos pleno uso de la razón! (…). Fue mucho, pero al fin dieron el voto. No crea que fue fácil, hubo luchas. Hubo varias pláticas, llegábamos montón de mujeres y gritaban, no tiene idea de lo horrible que fue. A muchas mujeres no les interesaba, (…) y para decirle cómo era el panorama del oscurantismo que privaba entonces, mi madre era una mujer escritora, pero ella escribía en su casa, mi padre era un señor militar y, le decía: la mujer en su casa, la mujer debe ser como la violeta –escondidita– (…)” 14

Fuera del recinto parlamentario, la Unión femenina guatemalteca pro ciudadanía lanzó una de las más fuertes críticas a las objeciones que se vertían en relación con el derecho de las mujeres al voto:

Señores secretarios de la Asamblea Nacional Constituyente: La Directiva de la Unión femenina guatemalteca pro ciudadanía, que agrupa en su seno millares de mujeres de la República entera, pertenecientes a diversos sectores sociales y a todos los credos políticos y religiosos, atentamente se dirige a ustedes para que, que por su digno medio, se sirvan hacer llegar a esa Asamblea Constituyente la voz de las mujeres guatemaltecas que reclaman para sí el reconocimiento de sus derechos políticos. Los señores representes conocen la actitud decisiva y preponderante que tuvo la mujer guatemalteca en los antecedentes de la Revolución de Octubre y durante la Revolución misma, de tal manera que por conocimiento personal están en condiciones de sopesar el alto civismo que encauza esa actitud femenina, civismo que pone de manifiesto la capacidad de nuestras mujeres para el ejercicio de sus derechos ciudadanos y el cumplimiento de las obligaciones que imponen. Tan indiscutible fue la participación femenina en el movimiento libertador citado, que la Junta Revolucionaria de Gobierno, al hacer por Decreto No. 17 la Declaración de principios fundamentales de la Revolución de Octubre, se hizo eco de uno de los sentimientos más popularmente arraigados e incluyó en el Número IX, el que dice textualmente: Reconocimiento de la ciudadanía a la mujer preparada pera ejercerla. (…) la mujer guatemalteca demostró que está en condiciones de ser un elemento idóneo para la reconstrucción de nuestra patria. (…) el feminismo actual, que ha perdido totalmente el aspecto que quisieron darle sus detractores de antaño, de ser una lucha de sexos y perseguir la preponderancia de la mujer, ha proclamado en voz alta y sincera que su finalidad no es de disociación, sino de unidad, que no se trata de excluir a nadie (…) Todas las objeciones contra el reconocimiento de los derechos ciudadanos de la mujer, cuando se basan en inexperiencia política, son apriorísticos, puesto que no puede demostrarse que ya ha fracasado (…) Si, se analiza el artículo 8º de la actual constitución, forzosamente terminamos por asentar que no queda otra alternativa: o se mantiene la exclusión femenina basada en razones de sexo y se deja la ciudadanía como un privilegio del varón por ignorante que sea, tal como lo ha sido hasta ahora y con lo que se han ocasionado tan graves prejuicios al país, o se aprovecha inteligentemente el concurso femenino, dando a la mujer acceso a la vida ciudadana. (…) Guatemala, enero 24 de 1945. Firman Graciela Quan, Presidenta; Elisa Hall de Asturias, Vicepresidenta; Angelina Acuña, Secretaria.15

Más allá de los discursos en el seno de la Asamblea Constituyente, es importante también conocer otras peticiones que se presentaron ante los representantes legislativos, debido a que algunos de ellos procuraban negar el derecho de las mujeres al voto o bien su postura era que se les otorgara la ciudadanía, no así el voto:

“Señor presidente y señores representantes de la Constituyente: las que firmamos la presente nos dirigimos a ese cuerpo legislativo para exponer lo siguiente: Hemos seguido con interés el transcurso de todas las sesiones que esa asamblea ha celebrado y especialmente, como es natural, la del martes 6 referente al “voto de la mujer” y hemos podido comprobar con agrado que en este caso privó el espíritu de justicia y de civismo, pues a pesar de la débil voz de un infortunado que se opuso, la casi totalidad de los representantes concedieron el voto a la mujer y lo hicieron en forma patriótica y justa. ‘Dar al césar lo que es del césar’ es de sabios y creemos que, por muy enemigo que sea del elemento femenino, no hay que caer hasta los linderos del ridículo. Querer mezclar el voto femenino con la religión o el clero es demostrar el fanatismo anticlerical, tan pasado ya de moda en los países civilizados. El que ataca por sistema o porque sí, sin conocer el pro y el contra queriendo destruir lo que más arraigado está en el corazón del pueblo guatemalteco va a las de perder. Lástima que el representante Fortuny16 no dio a conocer sus verdaderas tendencias antes de la Revolución, cuando él y los de su partido arengaban al elemento femenino, induciéndolo a tomar parte en la lucha que se emprendía, entonces en más de una ocasión se invocó “la ayuda de Dios para triunfar”. Ahora lo ha olvidado el representante derrotado. Ésa era una arma que se esgrimía a favor de la causa que tanto él como muchos otros tuvieron el cuidado de mantener oculta. Ahora están usando otra que ya estaba viendo hacia donde apuntaba. Nosotras por nuestra parte le perdonamos y le otorgamos nuestro primer voto: el de la desconfianza. Y a los representantes que una vez más nos hacen partícipes en los destinos de nuestra patria, les aseguramos que de la misma manera que en todos los momentos difíciles de nuestra vida política hemos tomado parte activa del lado del pueblo, estamos dispuestas a seguirlo haciendo en todo momento, siempre y cuando las libertades y los derechos de éste se vean amenazados. Atentamente: Margarita Echeverría, Alicia Fernández, María Antonieta Alvarado, Ana María del Valle, Albertina Cifuentes López, Blanca Molina, Olga Palma, Aurora Marroquín, Yolanda Morales García, Lucrecia Solís”.17

En enero de 1945 quedó instalada una nueva Asamblea Legislativa para elaborar la Constitución de 1945. Y tras intensos debates, el 6 de febrero de 1945, por primera vez en la historia constitucional de Guatemala quedó reconocida la calidad de ciudadana para las mujeres alfabetas: (Artículo 9º. Título II Nacionalidad y Ciudadanía) preceptuándose que sería “para las mujeres mayores de 18 años que supieran leer y escribir”. Como derechos a la nueva ciudadanía se reconoció los de elegir y ser “electo” y optar a cargos públicos. Cabe agregar que este derecho fue ampliado para todas las mujeres en la Constitución Política de la República de Guatemala hasta el año de 1965.

Uno de los grandes soportes de la Unión femenina guatemalteca pro ciudadanía fue Gloria Menéndez Mina quien, convencida del avance para las mujeres de la época, continuó escribiendo en un diario sus artículos periodísticos y se dedicó a difundir notas periodísticas acerca del derecho alcanzado:

“¡Ya somos ciudadanas! Las mujeres de Guatemala nos encontramos de plácemes. La tarde del 6 de febrero, como la del 25 de junio serán justamente memorables. La primera, correspondiente al día de ayer, marca un gran paso de avanzada de la patria dentro del carril de las genuinas democracias, al conceder la ciudadanía y derecho opcional al voto de la mujer alfabeta. (…) ahora las guatemaltecas debemos sostenernos en el plano a que se nos ha llevado. Hacernos merecedoras de la actuación de “ciudadanas”, que vamos a tener que autoeducarnos, en el sentido de una clara orientación de la obra a seguir. Hay que demostrar a los escasos argumentos que se oponían al “pase” de la moción en la Asamblea que no somos en primer lugar “influenciables”, que tenemos personería individual y plenas capacidades para afrontar los problemas políticos, con tanta o mayor equidad que los hombres. Que bajo ningún concepto esta medida entraña peligro, una fantástica espada de dos filos, que pueda perjudicar más tarde los intereses nacionales. ¿Acaso ha pasado algo semejante donde las mujeres tienen voto?”18

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