Regalías, participación y consulta

Después de extraer níquel por 4 años, EXMIBAL cerró sus operaciones en 1981, sin pagar el 1% de las regalías de los 16.5 millones del producto parcialmente refinado y enviado a Gales. La empresa mantuvo la propiedad sobre la tierra por el resto de los 40 años de concesión, sin que las promesas de desarrollo y empleo en la región fueran cumplidas. Las condiciones para que se diera este tipo de incumplimiento habían sido también señaladas por Valentín Solórzano en 1963, sin embargo los señalamientos de Solórzano no prosperaron al hallar oposición a que Guatemala recibiera una compensación por la actividad extractiva a través de un convenio por el cual la compañía concesionaria se hubiera obligado a entregar una mayor cantidad de regalías, dado el carácter no renovable del modelo económico incluido en el proyecto. 

En 1997, un año después de la firma de los Acuerdos de Paz, se hicieron reformas a la legislación minera a partir de la propuesta realizada por el coronel retirado Arturo de la Cruz, diputado por el departamento de Alta Verapaz y quien fuera señalado por la AEU como responsable de las acciones militares realizadas el 29 de mayo de 1978 en la comunidad de Panzós, cuando era comandante de la Base Militar de Cobán. 

En diciembre de 2004, INCO vendió sus posesiones a SKYE RESOURCES de Vancouver, casa matriz de la Compañía Guatemalteca de Níquel (CGN). Según esta compañía durante la administración Berger, de 2002 a 2007, al Estado Guatemalteco se le hicieron “varios llamamientos de capital”, que al no ser respondidos provocaron la pérdida de las acciones adquiridas por la dictadura militar días, después el asesinato del último de los dos intelectuales de la USAC. La falta de respuesta a estos llamamientos de capital y la decisión de renunciar a ellos nunca fueron consultados con la población guatemalteca. 

Resulta irónico que un negocio sea llamado a cielo abierto, cuando tiene una historia que pudo terminar enterrada en la memoria, de no ser gracias a los aportes de Valentín, Julio, Fito, Poncho y Piedrita, en la defensa del Estado de Derecho. 

Queda pendiente el restablecimiento del Estado de Derecho, dañado tras los efectos de la alianza entre la transnacional minera y las dictaduras militares. Por otra parte, mientras la sociedad guatemalteca no comprenda cómo el asesinato político contribuyó a crear el escenario propicio para la actual situación que beneficia a las empresas extractoras de minerales guatemaltecos, el uso razonable del patrimonio natural de Guatemala y la calidad de vida de las comunidades del Valle del Polochic y las márgenes del Lago de Izabal continuarán hacia un futuro de exclusión, migración forzada y desigualdad. 

JULIO CAMEY HERRERA (1910–1970)

Olga Cristina Camey de Noack 

 Julio Camey Herrera, ilustre jurista, político, diplomático y profesor universitario, nació en la ciudad de Totonicapán el 26 de marzo de 1910. Sus padres fueron el abogado Alberto C. Camey y Raquel Herrera de Camey, quienes procrearon tres hijos: Raquel, Julio y Olga. La mayor parte de su infancia y juventud la vivió en Quetzaltenango, lugar que siempre lo inspiró por la “Luna de Xelajú”. 

Viajó a la ciudad de Guatemala, donde obtuvo el diploma de bachiller en ciencias y letras en el Instituto Normal Central para Varones. Los estudios de su carrera profesional los realizó en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Su tesis de graduación profesional, “Condición jurídica de los extranjeros en Guatemala” (1935) lo hizo acreedor del Segundo Premio Gálvez. 

Con su primera esposa, María del Carmen Rodríguez Beteta, tuvieron tres hijos: María del Carmen, Alberto y María Eugenia. Con su segunda esposa (¿nombre?) procreó cuatro hijos: Marta Raquel, Olga Cristina, Julio Eduardo y Juan Fernando. Además, tuvo otros hijos reconocidos: Carlos Enrique (+), Maya y Estuardo (+). 

En 1945, en París, Francia, Julio Camey Herrera, junto con Enrique Muñoz Meany, formó parte de la delegación de Guatemala que asistió a la sesión de apertura de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), fundada el 16 de noviembre del mismo año. Camey Herrera estaba convencido de que las condiciones propicias para un diálogo entre las civilizaciones, las culturas y los pueblos, fundamentado en el respeto a los valores comunes, eran las concepciones elementales para la observancia de los derechos humanos, el respeto mutuo y la reducción de la pobreza en Guatemala, declaraciones promovidas por la UNESCO, con las que estaba profundamente convencido e identificado. 

En 1949, el Gobierno de Guatemala lo nombró Ministro Plenipotenciario y Embajador Extraordinario ante la Organización de Naciones Unidas (ONU). En su calidad de diplomático, participó en los debates que decidieron la fundación del Estado de Israel, proceso que culminaría en 1950. Entre sus obras destaca Derecho Internacional Privado (1953), en colaboración con Enrique Muñoz Meany y Carlos Hall Lloreda. En la actualidad, este libro de texto aún es utilizado en universidades públicas y privadas de Guatemala. 

Carlos Figueroa Ibarra, en su libro Paz Tejada: militar y revolucionario, trae a la memoria muchos pasajes dolorosos y tristes de la historia patria en la que han participado muchos hombres ilustres, entre ellos Camey Herrera. Según Figueroa Ibarra: “Aquel cambio que se quiso hacer durante la Revolución de Octubre del 44 aún permanece en muchas de sus características: la exclusión social, la pobreza, la confrontación étnica, el reinado de los grupos hegemónicos que aún tienen en sus manos los grandes negocios de Guatemala, sin que los regímenes establecidos en los gobiernos a partir del proceso democrático que inició en 1986, logren resolver las grandes necesidades de nuestra Guatemala”.1 

De acuerdo con Figueroa Ibarra, Julio Camey Herrera fue “un destacado revolucionario”2 durante los años que siguieron a la Revolución de Octubre de 1944. El derrocamiento de Jacobo Arbenz en 1954 y la toma del poder por el coronel Carlos Castillo Armas marcaron el inicio del enfrentamiento armado y dieron lugar a regímenes militares que golpearon a sectores campesinos, políticos y sociales del país,3 hechos repudiables ante los cuales se comprometió un importante sector de la intelectualidad de nuestro país. De ahí el origen de la desaparición de muchos de estos líderes. Como ejemplo de lo anterior se tiene que, durante el periodo de gobierno del general Miguel Ydígoras Fuentes (1958-1963), se giró orden de aprehensión en contra de Julio Camey Herrera4 y Carlos Paz Tejada, acción que intentó llevar a cabo la llamada Policía Judicial, pero que se vio frustrada cuando ambos personajes se refugiaron en la casa de Camey Herrera, ubicada en la Avenida de la Reforma, zona 9, la cual durante varios días estuvo vigilada. Un amigo de ellos, alejado de la política, Alfonso Arévalo, hijo del poeta Rafael Arévalo Martínez, les ayudó a escapar por un sitio baldío colindante. 

En 1958, varios revolucionarios opositores al régimen de Ydígoras Fuentes, luego de haber sido expulsados del Partido Revolucionario, encabezado por Mario Méndez Montenegro, organizaron el Partido Unidad Revolucionaria, grupo político que no llegó a desarrollarse del todo. Entre los dirigentes principales de este partido estaban Julio Camey Herrera (secretario general), Alberto Paz y Paz, Alfonso Bauer Paiz, Marco Antonio Villamar Contreras, Julio Gómez Padilla y Carlos Bianchi; ellos formaban el ala izquierda representativa del Partido Revolucionario.5 Camey Herrera y Bauer Paiz eran proclives a las luchas políticas y reacios a la lucha armada.6 

Camey Herrera partió al exilio a principios de la década de 1960. A su regreso, antes de su asesinato, en su casa de habitación, él su familia fueron blanco de tres atentados, lo cual sembró zozobra y repudio entre sus allegados. Fue objeto de amenazas anónimas por parte de la organización criminal clandestina “La Mano Blanca”, una de las estructuras paralelas leales al gobierno del “Chacal Arana” (Carlos Manuel Arana Osorio). En 1968, su esposa e hijos menores de edad fueron víctimas de cateos y allanamiento de morada sin orden judicial, lo que a toda luz era una violación a los derechos humanos de personas inocentes y desvalidas, por parte de hombres fuertemente armados de la Policía Judicial, al mando de Estuardo García Gómez. 

El 13 de noviembre de 1970, el régimen del general Arana Osorio decretó el estado de sitio y la suspensión de garantías; el 26 de noviembre de 1970, Julio Camey Herrera murió acribillado. Este crimen sucedió en una calle muy transitada de la capital, cerca de varias radiopatrullas de la Policía Nacional (Alberto Fuentes Mohr 1971: 202; entrevistas) . Entre sus últimas incursiones de interés público se puede mencionar su participación como miembro de la Comisión Ad Hoc de Juristas de la Universidad de San Carlos de Guatemala, nombrada por el Consejo Superior Universitario, que investigaba un contrato entre el Gobierno de la República y la minera extranjera INCO/EXMIBAL. 

Mes y medio después del asesinato de Julio Camey Herrera, el 13 de enero de 1971, el diputado socialdemócrata y profesor en derecho Oscar Adolfo Mijangos López sufre un atentado mortal en su silla de ruedas, frente a su bufete, mientras su chofer le ayudaba a subir al carro. El suceso ocurre en el centro de la ciudad y a plena vista del público. Mijangos, al igual que Julio Camey Herrera, formaba parte de la Comisión Ad Hoc de Juristas, mencionada en el párrafo anterior. 

La residencia de Camey Herrera, en la Avenida de la Reforma, zona 9, fue conocida como la “Casa del Mundo”. En ella se erguía la escultura de un ave elaborada con mosaicos. Esta moderna estructura, diseñada por el arquitecto Guillermo Kreps (1953) simbolizaba “El Mundo y la Paz”, basada en la educación y el intelecto, ideal anhelado por Camey Herrera. Su biblioteca estaba integrada por cientos de libros de temas jurídicos y otros cientos de libros de literatura universal. Poseía, además, una colección de música clásica para complementar sus largas horas de lecturas privadas, que compartía con sus pequeños hijos, esposa y amistades. 

En 2008, el Congreso de la República le rindió un solemne homenaje post mortem in memorium, ante la presencia de familiares, los sectores político y académico y la sociedad en general. El homenaje fue dedicado a los “Héroes de la Democracia y la Paz en Guatemala”, según Acuerdo Legislativo 26-2004 del Congreso de la República, reconocido por su trayectoria política e intelectual en Guatemala. El acto incluyó la entrega de la Orden del Soberano Congreso en Grado de Gran Cruz a los insignes guatemaltecos Adolfo Mijangos López, Julio Camey Herrera, Manuel Andrade Roca, Alberto Fuentes Mohr, Manuel Colom Argueta y Mario López Larrave, todos ellos asesinados entre 1970 y 1980, durante los regímenes autoritarios militares. 

También en 2008, la Junta Directiva de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la USAC le brindó, conjuntamente con otros guatemaltecos asesinados, un homenaje post morten in memorium como Héroes de la Democracia y la Paz, por su lucha incansable en la construcción de una sociedad justa, democrática y en paz. 

Julio Camey Herrera fue un ilustre caballero, de intelecto envidiable, pacífico, sensible ante los pobres y piadoso con los desposeídos, con amplias cualidades de diálogo y comunicación con sus adversarios. Formó en sus hijos el deseo de servir y de proyectarse en la sociedad, fomentó en ellos la educación y el desarrollo del intelecto como lo más preciado de la persona y descartó el uso de la violencia como medio de resolver conflictos. Apreció la música clásica y las letras, las cuales compartió con su familia y sus más dilectos amigos: Poncho Bauer, Fito Mijangos, Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón, Jorge Toriello (el Ciudadano), Guillermo Zachrisson, Meme Ruano, Alfredo Guerra y muchísimos más, todos connotados ciudadanos ejemplares. 

Julio Camey Herrera se inscribe históricamente como miembro de una generación de intelectuales que anhelaba una mejor Guatemala. Sus pensamientos no han sido estériles, ya que el reconstruir esta semblanza demuestra que con el tiempo se han ido construyendo los pilares para que los guatemaltecos anhelemos vivir en paz, con una visión social, próspera y justa, principios concebidos por la intelectualidad de este país. 

1 Figueroa Ibarra, Carlos 2001 Paz Tejada: militar y revolucionario (Guatemala: Editorial Universitaria), pág. viii.  

2 Figueroa, Paz Tejada, op. cit., pág. 114.  

3 Ibid, pág. 306.  

4 Ibid, pág. 326.  

5 Ibid, pág. 306.  

6 Ibid.


Continúa en la siguente páguina…

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